Historia de Luis – Parte 2

Al día siguiente …

Héctor me cogía con sus musculados brazos mientras yo besaba su cuello. El respiraba profundamente y me abrazaba con más fuerza según intensificaba la presión de mis labios sobre su piel. Adoraba escuchar su alterada respiración cuando era besado por mí.

No pude evitar quitarle su camiseta deportiva y, rápidamente, bajar sus pantalones. Él no ponía inconvenientes, sólo me miraba y me acariciaba la cabeza mientras, sutilmente, acercaba su paquete a mi cara. Ese dominio que Héctor tenia de la situación me generaba aún más excitación.

Su paquete, ya bastante erecto, rozaba mi cara a través del tejido de su calzoncillo azul intenso. Parecía que lo llevaba a juego con sus ojos. Me encanta. No pude resistirme y cogí su ropa interior fuertemente con mis manos y delante de mis ojos la baje de golpe para ver esa….

Para, para. No me irás a contar de nuevo la historia ¿no? —. Dijo Paula casi atragantándose con su clásica Coca-Cola a pocos metros de mí. — Sólo he preguntado que cómo habéis podido follar cuando no lleva ni 24 horas en Barcelona —. Volvió a insistir, con un tono bastante elevado, en su insistente pregunta. Ella no se percataba que intentaba evitar dar una respuesta precisa.

Shhh. Pau, tía. Controla. Que estamos en un lugar público. — Dije con rápidos movimientos de mis manos para que bajara la voz. — Fue una primera cita muy especial y estará pocos días aquí. No quise perder la oportunidad y resultó muy bonito. También fue muy morboso. — Continué dando explicación al por qué de mi temprano acto sexual con Héctor sin saber exactamente por qué debía dar explicación.

Mi compañera de conversación continuó dándole unos bocados a su bocadillo de jamón serrano pero sin parar de hablar. Siempre se comía algún bocadillo diferente cuando quedábamos pero a todos les daba bocados como si llevara días ayunando.

Vale. Bien. ¿Y qué pasó cuando te quitaste TÚ la ropa? Eso te lo tienes muy callado —. Dijo ella mientras masticaba los bocados que había mordido. Resultaba un poco incómodo la escena. Tenía esa típica manía de masticar mientras hablaba.

Yo no me quité toda la ropa. Y estoy seguro de que ya te lo imaginabas —. Le recriminé yo con cansancio por centrar la conversación casi siempre en ese tema.

No era la primera vez que Paula y yo hablábamos de nuestros encuentros sexuales. Concretamente, de mis encuentros sexuales. Solíamos hablar sobre las reacciones de mis ligues cuando sabían mi identidad sexual y, aunque era realmente divertido la mayoría de las veces, otras veces no tanto. Soy un chico trans.

La verdad que las excusas que mis ligues tenían para no continuar viéndonos al saber que mis genitales no son lo que se “esperaban” eran realmente variopintas. Desde abuelas que revivian y morian inesperadamente hasta reconversiones mágicas de chicos gays a heterosexuales. No he sido muy afortunado con los ligues. Es cierto.

Paula y yo solemos echamos unas risas con esas excusas tan inverosimiles, pero hay días que las risas por dentro son más llantos. Algún día llegará el chico sin excusa y me querrá al completo.

Entonces volvemos a lo de dejarnos los calzoncillos para que no vean tus genitales. Esta bien—. Dijo Paula con desgaste. Parecía que no le hacia mucha gracia que escondiera mis genitales en las citas. —Realmente, tus genitales son tus genitales y este chico parece que te gusta de verdad. Llevas semanas hablando de él —. Prosiguió Paula al ver mi ya casi entristecida cara.

Lo sé. Tienes razón. El próximo día que lo vea se lo diré. Estoy seguro que este es “el chico sin excusa” —. Dije con seguridad tras las palabras de mi amiga. Esta vez sería diferente.

Continuamos la conversación hablando de la merienda que nos habíamos pedido, permitiéndome así descansar un poco de la tensión reiterativa de mi absurda “explicación” con cada ligue que conocía. 

Comenzamos a recoger las cosas para irnos rápidamente cuando mi móvil vibró. Era él.

Ey! Luís. Que te parece si no esperamos más y esta misma noche cenamos tal cómo dijimos?

Recuerda. Donde tú quieras.

Dime lugar y hora. Estaré ahí bien arreglado y con una GRAN sonrisa.

Un beso. Estoy deseando verte.

Era su mensaje, su forma de hablar. Él siempre tan directo con sus ideas. Fue tan grata la sorpresa que me senté de golpe y levanté la cara para mirar con los ojos bien abiertos y emocionados a Paula.

¿Es él? —. Pregunto ella con las cejas alzadas y una expresión un poco de sorpresa. — Así que no te ha hecho esperar mucho. Eso es buena señal —. Continuó ella cada vez más sonriente mientras se acercaba a mi móvil para leer el mensaje. Aprovechó para apoyar sus manos sobre mis hombros para que me relajara. —¡Venga! Vamos a mirar algo bonito que puedas estrenar en tu cita. Pero ahora me toca comentar a mí. Vas a flipar con mi historia —. Acabó de decir ella con mucha energía. Yo la escuchaba hasta donde mi ilusión me permitía oir mi alrededor.

Claro Pau. Ahora te toca a ti ponerme al día. ¿Qué es eso tan fuerte que pasó con Sergio? —. Pregunté yo antes de ir directo a pagar.

Ocupamos lo que quedaba de tarde en comentar la historia de Paula. Sus subidas y bajadas. También me compré una camisa especialmente bonita que seguro le gustaba a Héctor.

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