Historia de Luis

La piel de Héctor se erizaba al contacto de mis labios, sus músculos se estremecían mientras yo bajaba mi cuerpo, mi cara y mi lengua de sus pezones a su ombligo y de éste a su entrepierna. Su respiración se agitaba, sus gemidos se intensificaban. Sabía el placer que él buscaba de mí y, siendo honestos, él que llevaba tiempo deseando yo de él.

Luis, sigue así. Me encanta. Métetela toda —. Héctor disfrutaba. No destacaba por tener cuidado con sus movimientos pélvicos. La fuerza de sus embestidas contra mi rostro sólo era comparable a los gruñidos que salían de su boca. Podía notar la gran presión que las palmas de sus manos ejercían sobre mi cabeza para llevar su miembro más dentro de mí. Aún con lágrimas brotando de mis ojos quería seguir disfrutando de ese momento. Mis manos tocaban su esculpido y rasurado pecho para no perder detalle del chico que tanto deseaba.

¡Dios! Luis. Si continúas así acabaré pronto —. Dijo Héctor mientras gemía de placer. Esas eran las palabras que necesitaba para continuar y, sin descanso, eso hice. Notaba cómo sus fibrados músculos se empezaban a tensar. El propio Héctor se tensaba. Todo ésto sólo podía significar una cosa. — ¡Joder! Luís. No puedo más —. Gritó él mientras me apretaba hasta el fondo. Notaba como su miembro comenzaba a palpitar. Sin dejar su placer de lado cambié mi boca por mi mano para poder observar a detalle las descargas que estaban por caer encima de mi rostro y su abdomen. Tal y como deseaba, acompañado de unos gemidos profundos e intensos, me manchó las mejillas, mis párpados y la parte baja de su pecho. Una situación tan excitante como íntima.

Dame un minuto y ahora te toca —. Dijo él apoyándose sobre la almohada y esbozando un gran sonrisa. Le miré a sus intensos ojos azules. Estaba molido, agotado y alegre.

No te preocupes. Ha estado genial. Yo me he quedado de fábula también —. Dije al momento para evitar más encuentro sexual. Héctor cogió un poco de papel de la mesita de noche, me limpió y me acarició la cara de una forma delicada, más de lo que hubiera podido esperar pensando en sus embestidas de hace pocos minutos.

Como tu prefieras, Luís. Ha sido muy especial y será la primera de muchas —. Decía él mientras se acercaba a besarme y cogía mi cabeza para que me apoyara encima suyo.

Héctor y yo hablábamos desde hace no mucho por Instagram. No sabía precisar cuánto tiempo haría que nos seguíamos o el motivo del por qué fue, pero si el día que empezamos a hablar. Sus ojos y su cuerpo siempre me habían llamado la atención y un simple stories mío paseando por el puerto de Barcelona parece que llamó su atención, con una reacción empezó a interesarse por mi lugar de residencia. Parecía un amante de Barcelona pero con pocas oportunidades de visitarla. Nunca pensé que algo tan simple desencadenaría algo tan bonito.

Varías semanas hablando, compartiendo rutinas y conociendo más el uno del otro terminó en una proposición por su parte para venir a verme durante el Pride de Barcelona. Mi enganche a él era tan elevado que no pude negarme.

Estaba claro dónde pasaríamos nuestra primera tarde juntos: en el Puerto de Barcelona. Ese lugar nos había unido aunque fuera por fotos. Un café en Starbucks, unas risas viendo tiendas, unas miradas furtivas en los meaderos y 4 o 5 vueltas por el Centro Comercial Maremagnum nos dejó claro la química que teníamos en persona al igual que por Internet. Era el chico perfecto y mi compañero de piso estaba fuera. Era mi oportunidad. Le invité a casa. Como deseaba, él aceptó.

Así volvemos a Héctor aún desnudo a mi lado, estirado en mi cama con el cuerpo agotado y al cual yo me abrazaba con gran cariño. Él parecía ser un chico muy cercano y continuó acariciándome durante un buen rato mientras hablábamos sobre su viaje aquí.

Mañana me dijiste que no nos podríamos ver, ¿cierto? —. Pregunté a Héctor antes de ilusionarme tontamente. Su mirada seguía centrada en el horizonte cuando la giró y me miró con sus penetrantes ojos azules directamente a los míos.

Eres lo mejor que me ha pasado viniendo aquí, pero mañana quedé con un antiguo amigo y me haría ilusión disfrutar algún día con él —.  Dijo con temple. Es algo que ya comentó antes de venir y, por muchas ganas que tuviera de estar con él no iba a poner ningún inconveniente.

Claro, disfruta de la ciudad mañana también. — Concluí. Entonces, se produjo un corto silencio.

El ambiente se tornó un poco tenso dejando claro que, después de un acto sexual tan íntimo y perfecto  una situación de “desaparición” sería un duro golpe. Notaba como la conversación pasaba de sencilla a casi inexistente. ¿Quizá no ha sido tan especial? ¿Alomejor no quiere volver a vernos? ¿Y si ese amigo no es sólo un amigo?. El silenció se rompió y su ruda voz habia sido la causante. Con cierto retraso por mis traicioneros pensamientos comencé a escuchar lo que decía

Recuerda que te debo una cena. Aunque haya venido pocos días eso sigue en pie, “tontín”. — Recordó Héctor. Es cierto que comentó que si conseguía montárselo para venir me invitaría a cenar al lugar que yo quisiera. Parecía que cumpliría su promesa. Una sonrisa de oreja a oreja salió de mi cara mientras me apoyaba de nuevo sobre su pecho. Escuchaba su relajado pálpito de corazón produciéndome una terrible  pero apetecible somnolencia.

Héctor y yo continuamos conversando de experiencias pasadas y de nuestras impresiones sobre el otro, pero el tiempo no se detiene para nadie. Él debía irse a casa de su amigo y en algún momento llegaría mi compañero de piso. Así que nos despedimos de la manera más amorosa posible a la espera de un cercano contacto próximo.

Photo by Adrianna Calvo on Pexels.com

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